Para ti , Andrés.

Voy a contarte la historia de un chico, un chico resplandeciente, lleno de amor, puro, sincero, fuerte y que le echaba coraje para cuando el amor llamaba a su puerta, se enamoró de una chica, una chica con los ojos preciosos, pero una mirada llena de odio, rencor, y sobre todo miedo, miedo al amor, a la vida, a todo lo que la rodeaba, aquel chico pendía de un hilo que ella sostenía y…aunque él no lo creyera y ella no lo quisiera aparentar , ella también lo hacía al revés , lo único que ella intentaba escapar de ese hilo , intentaba cortarlo, pues ella ignoraba que bajo ella…había un estanque lleno de tiburones hambrientos, la capa de odio ,rencor y miedo la nublaba la vista y no alcanzaba a ver, el chico no quería advertirla de lo que se hallaba allí abajo y por lo que el agarraba su hilo con tanto impetu, pues quería que aprendiera sola, sólo sabía que él jamás se cansaría de sostenerla, a no ser que ella lo deseara, entonces con todo el dolor del mundo…él la dejaría caer. 

No me sueltes nunca te pido de corazón, por más que intente escapar, jamás lo desearé.

No debí…

No debí besar esos labios,
para así darme cuenta,
de que los tuyos…
estaban mintiendo,
no debí mirar esos ojos,
para así sentir,
que sólo un día brillaron con la ilusión del niño que sueña pero no conoce,

y que de conocer…se decepcionaría,

no debí tornarme tuya,
no debí anclarme a ti,
no debí sentirme grande,
al encontrarme junto a ti,
debí alejarme a tiempo,
debí correr lejos de aquí,

hacerme pequeñita…
y huir por siempre de ti.

Convergente

Él levanta la vista y le veo a lo lejos,
no diferencio las partes de su cara,
pero me la sé de memoria,
no de demasiado cerca,
pero sí de todas las maneras posibles.

Sus ojos azules,
relampaguean,
se asoman por encima de la gente siguiendo mi misma dirección,
pero a muchísima distancia de mí,
aunque realmente le separen 4 zancadas,

su nariz,
que podría desearla así…
“Convergente”
su nariz debe converger,
no de forma,
si no de vida,
sin líneas paralelas,
sin ellas,
{Él empezaría a converger}
siendo así infinito,

luego están sus labios,
paralelos,
aparentan seguir una misma dirección a una distancia siempre constante pero sin cruzarse nunca,
y son donde sin duda,
{Él dejaría de converger}

Hasta los 2 o 3 cm que separan la nariz de la boca,
pueden ser infinitos.

Niña.

Era la tercera vez que se masturbaba,

la quinta vez que se corría,

la sexta vez que se desesperaba,

se tumbó desnuda en el suelo frío,

acurrucada,

y rompió en llanto.

Ella cuando llora es bonita,

sus ojos verdes desprenden brillo a la par que destacan con el rojo que provoca sus lágrimas,

su cara se vuelve más niña,

y su voz,

la misma que se proclamó dulce y silenciosa entre llantos para decir una única palabra: “Mamá.”

sus pensamientos también se vuelven más niños,

seguía llorando… como una niña arrepentida de haber robado dinero a sus padres,

o de haber insultado a su hermano,

lo único que su arrepentimiento Sí equivaldría al que cualquier razonamiento sobre los hechos ocurridos te haría sentir,

no lloraba para que la vieran y la perdonaran,

ella lloraba sola,

quizás sí se hubiera arrepentido como una niña…en el caso de que los hechos no la hubieran arruinado por completo a ella y a la confianza que pudieran haber puesto en ella sus seres queridos,

puesto que ella se tornaba solitaria,

creía que se arrepentía de verdad,

entonces decidió narrar lo ocurrido de manera que no se alojara en ella esa pena tan grande que tenía en su alma,

y vió que solo lloraba como una niña que llora porque la han castigado y está en su habitación sola y rabiosa.

Es curioso…yo no habría comprendido esto de no haberlo plasmado aquí, aún hablando de ti en tercera persona, escribir te ayuda a comprenderte, y si te lo montas bien…a crecer en espíritu y sabiduría.

Mundos.

Ella no era de este mundo,
aun así caminaba intentando encontrarse en él,
con el tiempo fue dejando de caminar y de hablar ,de expresar con su cuerpo, con su cara, de gesticular, de vivir, de aparentar,
Se encerró en el cual no sabía que iba a ser su tumba,
Ella reía para dentro,
ella tosía para dentro,
ella lloraba para dentro,
ella vivía dentro de sí.

No necesitaba a nadie que la sujetara, porque ya tocaba suelo, estaba en el fondo del precipicio,
el final era tan oscuro que los que estaban tocando fondo ni apreciaban su tacto y la aplastaban contra la tierra,
apenas podía respirar,
ni quería,
se podría decir que ella habría pasado el resto de lo que le quedaba de vida, que no era decir poco, en la cama tapada de cabeza a pies, de pies a cabeza, por debajo y por encima, envuelta como un gusano en el edredón que le hizo su abuela.

Ella esperaba,
no sabía a qué,
no sabía a quién,
no sabía el qué,
no sabía con quién,
no sabía dónde,
no sabía nada,
pero veía todo,
y quería,
y sí veía qué,
y sí veía a quién,
y no sabía dónde,
pero sabía que no aquí,
porque no quisiera saber si él también perteneciera a este mundo,
pero si veía que él no quería no hacerlo,
Así que dejó de amar hasta que él lo hiciera bien.
Un día empezó a brillar y él quiso acariciarla, pero ella ya no estaba allí, ella era como una estrella que vemos en el firmamento yaciendo muerta alumbrando, o que no apreciamos su brillo porque en nuestro mundo todavía no ha nacido,
pero en su mundo,

sí ha nacido,

sí brilla,

sí ama.

Sí, vive.