Convergente

Él levanta la vista y le veo a lo lejos,
no diferencio las partes de su cara,
pero me la sé de memoria,
no de demasiado cerca,
pero sí de todas las maneras posibles.

Sus ojos azules,
relampaguean,
se asoman por encima de la gente siguiendo mi misma dirección,
pero a muchísima distancia de mí,
aunque realmente le separen 4 zancadas,

su nariz,
que podría desearla así…
“Convergente”
su nariz debe converger,
no de forma,
si no de vida,
sin líneas paralelas,
sin ellas,
{Él empezaría a converger}
siendo así infinito,

luego están sus labios,
paralelos,
aparentan seguir una misma dirección a una distancia siempre constante pero sin cruzarse nunca,
y son donde sin duda,
{Él dejaría de converger}

Hasta los 2 o 3 cm que separan la nariz de la boca,
pueden ser infinitos.

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Niña.

Era la tercera vez que se masturbaba,

la quinta vez que se corría,

la sexta vez que se desesperaba,

se tumbó desnuda en el suelo frío,

acurrucada,

y rompió en llanto.

Ella cuando llora es bonita,

sus ojos verdes desprenden brillo a la par que destacan con el rojo que provoca sus lágrimas,

su cara se vuelve más niña,

y su voz,

la misma que se proclamó dulce y silenciosa entre llantos para decir una única palabra: “Mamá.”

sus pensamientos también se vuelven más niños,

seguía llorando… como una niña arrepentida de haber robado dinero a sus padres,

o de haber insultado a su hermano,

lo único que su arrepentimiento Sí equivaldría al que cualquier razonamiento sobre los hechos ocurridos te haría sentir,

no lloraba para que la vieran y la perdonaran,

ella lloraba sola,

quizás sí se hubiera arrepentido como una niña…en el caso de que los hechos no la hubieran arruinado por completo a ella y a la confianza que pudieran haber puesto en ella sus seres queridos,

puesto que ella se tornaba solitaria,

creía que se arrepentía de verdad,

entonces decidió narrar lo ocurrido de manera que no se alojara en ella esa pena tan grande que tenía en su alma,

y vió que solo lloraba como una niña que llora porque la han castigado y está en su habitación sola y rabiosa.

Es curioso…yo no habría comprendido esto de no haberlo plasmado aquí, aún hablando de ti en tercera persona, escribir te ayuda a comprenderte, y si te lo montas bien…a crecer en espíritu y sabiduría.

¿Papás?

El hombre que me dió la vida, asfixiándome, tirando con todas sus fuerzas de mi cuello hacia atrás, sentado encima mío, yo boca abajo, me tiene inmovilizada y me aprieta tanto…hasta el punto de que empiezo a atragantarme con la sangre que borbotea de mi nariz a causa del puñetazo que me dió anteriormente, la sangre inunda mi garganta, con sus manos apretando no fluye la sangre, la mujer que me dió la vida, viéndolo, no me lo quita de encima preocupada… le dice: “Déjala, que si la matas te buscas la ruina.” Preocupada de él.

No necesariamente quien te dió la vida te hizo un regalo y no necesariamente debes guardar respeto a tus padres.

A mí…de tanto guardar el respeto, se me ha perdido.

Mundos.

Ella no era de este mundo,
aun así caminaba intentando encontrarse en él,
con el tiempo fue dejando de caminar y de hablar ,de expresar con su cuerpo, con su cara, de gesticular, de vivir, de aparentar,
Se encerró en el cual no sabía que iba a ser su tumba,
Ella reía para dentro,
ella tosía para dentro,
ella lloraba para dentro,
ella vivía dentro de sí.

No necesitaba a nadie que la sujetara, porque ya tocaba suelo, estaba en el fondo del precipicio,
el final era tan oscuro que los que estaban tocando fondo ni apreciaban su tacto y la aplastaban contra la tierra,
apenas podía respirar,
ni quería,
se podría decir que ella habría pasado el resto de lo que le quedaba de vida, que no era decir poco, en la cama tapada de cabeza a pies, de pies a cabeza, por debajo y por encima, envuelta como un gusano en el edredón que le hizo su abuela.

Ella esperaba,
no sabía a qué,
no sabía a quién,
no sabía el qué,
no sabía con quién,
no sabía dónde,
no sabía nada,
pero veía todo,
y quería,
y sí veía qué,
y sí veía a quién,
y no sabía dónde,
pero sabía que no aquí,
porque no quisiera saber si él también perteneciera a este mundo,
pero si veía que él no quería no hacerlo,
Así que dejó de amar hasta que él lo hiciera bien.
Un día empezó a brillar y él quiso acariciarla, pero ella ya no estaba allí, ella era como una estrella que vemos en el firmamento yaciendo muerta alumbrando, o que no apreciamos su brillo porque en nuestro mundo todavía no ha nacido,
pero en su mundo,

sí ha nacido,

sí brilla,

sí ama.

Sí, vive.

Solos.

Vienes

Me miras

Te vas

Voy

Te miro

Te vas

Espero

Me muero

Espero

Espero

Espero

No sé si vendrás,

pero vivo

Ya no miro

Ya no espero

Ya no voy

Ya no estás

Pero me tienes

Soñando

Con arrancarte el corazón

Y que sea mío

Con besarte tan fuerte…

Hasta matarte de asfixia

encontrarte libre

devolverte lo que un día

cuando te tornabas en la juventud y en el disfrute,

ella

te arrebató,

lo hizo vida,

y nos dejó sin vuelta atrás.

Pero va siendo hora de parar el tiempo,

de que vengas,

me mires,

me beses,

te quedes,

y vivas,

sin ella,

sin sus frutos,

sin sus obligaciones.

Pues en mi más profunda reflexión,

llegué a la conclusión de que la esposa que un día creyó amarte,

amaba la vida que se imaginaba contigo,

porque a veces,

lo que te imaginas,

hace más daño que la realidad.

Por nosotros.

Quiero que me hagas un porro y que te vayas,
que vuelvas cuando me lo haya acabado y me folles,
que te vayas cuando me haya corrido y vuelvas cuando haya descansado,
que me hagas reír y te vayas y vuelvas repitiendo esas 3 acciones en bucle una y otra y otra vez,
quiero que te quedes para siempre, hasta que te eche,
hasta que no haya más porros,
hasta que ya no se te levante,
hasta que dejes de hacerme reír,
te quiero a ti
y posiblemente no sea la mejor forma de demostrar amor,
pero si la correcta siendo tú.

Por ti,
efímero,
con tus porros,
con el sexo,
‎con las risas.

Por mí,
efímera,
con tus porros,
con el sexo,
con las risas.

Por nosotros,
eternos,
dejando a nuestras voces bailar al son de las melodías de El canto del loco.

Y es que no quiero tus porros,
no quiero tu sexo,
no quiero las risas.

Y es que quiero mi oído en tu pecho escuchando tus latidos,
quiero tus manos entrelazadas a las mías,
quiero hacer el amor,
quiero que nos entendamos cantando,
quiero hacerlo imperfecto y que te guste,
quiero que cantemos juntos dejando así a nuestras voces hacer el amor,
porque sólo cantando nos llevamos bien,
quiero que te salgan gallos y que sigas cantando aún así hasta que la melodía acabe,
y que te inventes la letra si no te la sabes,
quiero que elijas tú la próxima canción,
quiero que me saques a bailar con ella,
y quiero que me pises de lo mal que bailas,
las veces que sean.

Ahora quiero que apagues la música,
que te enciendas ese porro,
que me lo des y te vayas,
que vuelvas cuando me lo haya acabado,
que entres con cara de pena,
y que me beses.

La música estará encendida cuando vengas.

De vuelta al placer.

Ella se tumbó a su lado, suspiro, le besó y a dos centímetros de su cara, le susurró:

-Ojalá.

Después continuaron besándose, vinieron las caricias, a la vez que el viento que entraba por la ventana acariciaba sus cuerpos desnudos.

Nunca hubo dos personas tan unidas, mientras se mimetizaban él la agarraba como si de su alma tratase, no era sexo, era más, era magia.

Sus cuerpos se rozaban como un león camina por la sabana,los besos que se daban eran producto de un amor superior a cualquier acto de bondad.

Y si ella lo hubiera sabido, si hubiera sabido que aquel chico iba a ser lo que la hiciera volver a sentir placer, en todos los sentidos.

Hubiera sostenido su corazón con las yemas de los dedos, debajo un precipicio, pero su inconsciencia la cegaba.

Él era como un anochecer y hacía su ritual de despedirse a la llegada del sol.

Los dos eran personas intensas.

Ella tenía pensamientos salvajes.

Él olvidaba que ella tenía pensamientos salvajes.

Y se llevaba sorpresas , no sé, eran tal para cuál.

Ella se reía, es que Joder como se reía con él, esa risa tonta de niña pequeña.

A él le encantaba.

Pero lo que no se imaginaba ella ,era que ,su “amor”, como un búho en la noche estaba, porque su vida era presa de otra familia.

Pero el era así, le gustaban las mujeres es como…¿Le vas a decir a un niño pequeño que pare y deje de fluir? No puedes, son así.

En todo caso darle algo para que se calme, pero lo que a él le calmaba era yo.